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Educación terapéutica en Diabetes

La Educación Terapéutica en Diabetes abarca los conocimientos, habilidades y actitudes (motivación, autorresponsabilidad) necesarias para que la persona con diabetes asuma un papel activo en el manejo de su enfermedad, llevando una vida saludable y adaptada a sus necesidades, mientras previene complicaciones a corto y largo plazo y mantiene una buena calidad de vida. Esta educación es fundamental para el tratamiento, que incluye el uso de insulina, una alimentación adecuada, ejercicio, autocontrol y el empleo de  tecnologías como los sensores de glucosa.

La educación sobre la diabetes debe ser impartida por profesionales de la salud capacitados y a través de programas educativos estructurados.

Existen cuatro momentos críticos en los cuales se ha de incidir en la educación terapéutica en diabetes para poder adquirir y repasar las habilidades necesarias para el manejo de la enfermedad (ver figura 2):

  1. Inicio (diagnóstico) de la diabetes, denominada educación de supervivencia: Desde el momento del diagnóstico, la persona y su entorno aprende a adaptarse a la DM1, abordando temas como:
    • Concepto y tipos de diabetes.
    • Síntomas de la DM1.
    • Alimentación saludable y recuento de hidratos de carbono.
    • Uso de la insulina y su técnica de administración.
    • Control de glucosa, interpretación de resultados y objetivos de glucemia.
    • Ejercicio físico.
    • Manejo de las complicaciones agudas (hipoglucemia, hiperglucemia y cetosis) y uso del glucagón (inyección que debe usarse cuando la persona tiene una hipoglucemia grave).
    • Impacto psicológico de la enfermedad; afrontamiento, identificación de creencias previas, temores y expectativas.
  2. Reevaluación anual: Al menos una vez al año se debe revisar y ajustar la educación de manera personalizada, además de evaluar aspectos biomédicos y psicosociales. Se puede hacer de manera individual o en grupos, e incluir la prevención de complicaciones crónicas de la diabetes.
  3. Cambios en el tratamiento: Cuando se modifica el tratamiento o se cambia de equipo sanitario (por ejemplo, al pasar del Servicio de Pediatría al Servicio de Endocrinología), es necesario ajustar aspectos como la alimentación, los horarios y el ejercicio.
  4. Complicaciones o cambios vitales importantes: Cuando surgen complicaciones crónicas, se prepara un embarazo o se inician tratamientos que pueden afectar la glucemia, como los esteroides.
  5. Con el paso del tiempo y necesidades del individuo, debe complementarse con educación avanzada que profundiza en los temas expuestos y los amplía con resolución de problemas, situaciones especiales (el colegio, las enfermedades recurrentes, celebraciones, viajes…) complicaciones crónicas y tecnología (sensores de glucosa y bombas de infusión de insulina si fuera necesario). Actualmente, desde el inicio se recomienda el uso de la tecnología en la DM1.

La educación terapéutica en diabetes debe adaptarse con el tiempo a las necesidades cambiantes de la persona, abordando situaciones especiales como la escuela, viajes, enfermedades o celebraciones, así como el uso de tecnología, como sensores de glucosa y bombas de insulina, si es necesario. Actualmente, desde el principio, se recomienda el uso de tecnología en la DM1.

A lo largo del texto se abordan distintos aspectos específicos del papel de la educación terapéutica en diabetes correspondientes a algunos apartados.

TRANSICIÓN DE ATENCIÓN PEDIÁTRICA A LA ADULTA.

El paso de la atención pediátrica a la adulta (servicio de endocrinología) en personas con diabetes DM1 requiere una planificación cuidadosa y la participación de varios profesionales de la salud para asegurar que el cuidado continúe de manera adecuada. Este proceso debe planificarse con anticipación para que los jóvenes adquieran los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para gestionar su diabetes de forma autónoma cuando pasen al servicio de endocrinología de adultos.

La transición debe ser gradual y adaptarse a las necesidades de cada joven, teniendo en cuenta su madurez emocional, el control de su diabetes y sus objetivos personales. También se debe prestar atención a las diferencias culturales y socioeconómicas que pueden influir en esta etapa. Es fundamental que sepan administrarse la insulina, a controlar su glucosa, y a entender la importancia de seguir una alimentación saludable y practicar ejercicio físico. También deben saber cómo reconocer y tratar las complicaciones, como la hipoglucemia e hiperglucemia.

Además de aprender a manejar su tratamiento, los jóvenes deben estar preparados para los desafíos de la vida adulta, como el consumo de alcohol y tabaco, la sexualidad, la planificación familiar, el manejo del estrés y la integración de la diabetes en la vida social o laboral. También es importante que conozcan y utilicen la tecnología disponible, como los sensores de glucosa y las aplicaciones móviles, que pueden ayudar a mejorar su calidad de vida.

Es fundamental evaluar los factores emocionales y sociales que puedan afectar la transición, como la salud mental, el estrés relacionado con la diabetes o los cambios en el entorno familiar. Problemas como la depresión, la ansiedad o los trastornos de la conducta alimentaria deben ser identificados y tratados adecuadamente. Es clave ofrecer apoyo emocional y psicológico durante este periodo, ya que la adolescencia y el inicio de la vida adulta son momentos de muchos cambios y el manejo de una enfermedad crónica puede añadir una carga significativa.

La familia juega un papel muy importante en este proceso de transición, brindando apoyo emocional y práctico. Es importante que los padres sepan cómo apoyar sin afectar la autonomía del joven. Además, se debe proporcionar a las personas con diabetes y sus familias información sobre los recursos comunitarios disponibles, como grupos de apoyo o asociaciones de diabetes.

La transición debe ser gestionada por un equipo multidisciplinar que incluya endocrinólogos, profesionales de enfermería, nutrición, psicología y trabajo social especializados en diabetes. Los equipos de atención pediátrica y de adultos deben trabajar juntos para crear un plan personalizado que garantice una transición fluida. Esto puede incluir consultas y reuniones conjuntas de seguimiento. La educación sobre la diabetes no termina con la transición. Es importante seguir actualizando a los pacientes sobre nuevas tecnologías y tratamientos para mantener el control de la diabetes a largo plazo. Además, se debe evaluar constantemente la efectividad del proceso de transición para mejorar según sea necesario.

En resumen, la transición del servicio de pediatría a adultos en personas con DM1 es un proceso complejo que requiere un enfoque integral y personalizado.