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12. Criterios de ingreso y derivación

12.1. Criterios de hospitalización ante sospecha de ITU

Pregunta a responder:

  • ¿Cuáles deben de ser los criterios de hospitalización ante una sospecha de ITU en la población pediátrica?

El manejo intrahospitalario de un niño o una niña con infección del tracto urinario (ITU) febril ha sido la práctica habitual durante las últimas décadas, fundamentada en una doble vertiente: controlar las complicaciones infecciosas graves y evitar el establecimiento de daño renal permanente. Se partía del postulado de que el tratamiento antibiótico precoz y endovenoso podía representar una ventaja para el rápido control de la infección, disminuyendo el riesgo de complicaciones agudas y de secuelas renales parenquimatosas permanentes.

El ingreso hospitalario de un niño o una niña debe considerarse en aquellas situaciones en que sea estrictamente necesario y suponga un claro beneficio para su salud. No se trata solo de consideraciones económicas de eficiencia, sino de minimizar el impacto psicológico, disminuir la alteración de la dinámica familiar y evitar los riesgos de infecciones nosocomiales asociadas a cualquier ingreso hospitalario en una planta de pediatría. Por tanto, es lógico establecer estrategias de manejo ambulatorio de cualquier patología infantil si el ingreso intrahospitalario no supone un claro beneficio para el paciente.

Como se verá más adelante, diferentes ensayos clínicos han mostrado recientemente que el tratamiento antibiótico oral de un niño o de una niña con infección urinaria febril es tan eficaz como el tratamiento endovenoso en cuanto al control clínico y bacteriológico de la infección en fase aguda y en cuanto a la protección frente a la aparición de cicatrices renales212,231233. A partir de estos datos, la recomendación del ingreso hospitalario para el control de los pacientes en edad pediátrica con ITU febril se ha ido restringiendo6,11,73,126.

Para delimitar los criterios de ingreso hospitalario en pacientes pediátricos con infección urinaria febril, nos centraremos en 3 aspectos básicos: el riesgo de bacteriemia, el riesgo de alteración funcional renal y el riesgo de mal control terapéutico.

Riesgo de bacteriemia

La infección urinaria tiene etiología bacteriana en la mayoría de los casos y, por tanto, existe el riesgo de su diseminación hematógena, sobre todo en el caso de infección del parénquima renal, que está altamente vascularizado. De todas formas, estudios epidemiológicos muestran que este riesgo es bajo en la infancia. Un estudio finlandés muestra una incidencia anual de bacteriemia grave de origen urinario en niños y niñas menores de 16 años de edad y sin ITU previa de 1,5/100.000 personas/año. El 88% de los casos eran individuos menores de un año y el 66%, menores de 3 meses. Los niños varones presentaban un riesgo incrementado con respecto a las niñas de casi el doble, aunque este sobrerriesgo disminuía con la edad59. El riesgo estimado de presentar una bacteriemia durante una pie lonefritis puede ser de 1/150 episodios59,234, aunque puede alcanzar el 22% en menores de 2 meses de edad, o el 3% en menores de 36 meses de edad235. Por tanto, los lactantes presentan un riesgo incrementado de bacteriemia, en especial los menores de 2 meses de edad59,234236.

Además de la edad, la forma de presentación clínica puede orientar hacia la existencia de una complicación bacteriana grave. Así, se recomienda el control hospitalario de cualquier niño o niña con “afectación del estado general” o “aspecto tóxico”, ya que supone mayor riesgo de bacteriemia. Además de la clásica escala de Yale para el manejo de los niños y niñas con fiebre sin foco237, la guía de práctica clínica publicada del NICE con respecto al manejo del niño o niña febril, basándose en distintos estudios de cohortes, establece una serie de criterios para ponderar la gravedad: la presencia de signos de deshidratación, hipoactividad, baja reactividad a estímulos, palidez cutánea, mala perfusión periférica o aspecto tóxico. Otros factores de alto riesgo serían la irritabilidad, o la presencia de vómitos o convulsiones. Ante cualquiera de estas situaciones descritas, se recomienda el control intrahospitalario del paciente, ya que presenta un riesgo incrementado de sepsis238. Son criterios habitualmente utilizados en niños y niñas febriles, que permiten ser extrapolados al manejo del niño o niña con infección urinaria11.

Las malformaciones del tracto urinario se han relacionado no solo con un mayor riesgo de daño renal permanente tras una infección urinaria206, sino también con un mayor riesgo de bacteriemia en la fase aguda. En niños y niñas con RVU dilatado, el riesgo de bacteriemia durante una pielonefritis se dobla con respecto a los niños y las niñas sin reflujo dilatado59. Los pacientes con patología obstructiva del tracto urinario llegan a multiplicar por 9 el riesgo de complicación bacteriana grave11. Pero la presencia de RVU puede ser importante también para el abordaje terapéutico agudo del episodio infeccioso para evitar la aparición de cicatrices. En el ensayo clínico de Hoberman, que comparaba el uso de cefixima oral con cefotaxima endovenosa para el tratamiento de las pielonefritis en pacientes en edad pediátrica, en un análisis de subgrupos, se comprobó que pacientes con RVU mostraban un riesgo aumentado de cicatriz renal si se administraba el tratamiento por vía oral (RR 7,33; IC95% 1,00 a 54,01), (NNT 3; IC95% 2 a 12)212. El problema es que en muchos niños o niñas con una primera infección urinaria febril desconoceremos si existe patología malformativa asociada. Algunos datos clínicos y analíticos pueden ayudarnos a delimitar estos pacientes de alto riesgo. Estudios epidemiológicos realizados en familias con RVU han demostrado que el 25 50% de los hermanos o hermanas y el 50 66% de los hijos o las hijas de pacientes con RVU también tienen reflujo239. En un amplio estudio de cohortes de niños y niñas con RVU, se muestra una buena correlación entre las cifras de PCR plasmática durante la pielonefritis aguda y el grado de reflujo y de cicatriz posterior222. Por tanto cifras muy elevadas de reactantes de fase aguda podrían orientarnos hacia presencia de reflujo de alto grado, aunque con poca potencia discriminativa. También es conocida la relación entre una dilatación piélica congénita y la presencia de uropatía obstructiva o reflujo de alto grado240, por tanto, los niños o las niñas con antecedentes de dilatación piélica cuyos estudios de imagen no se hayan completado deben ser considerados pacientes de riesgo elevado ante una infección urinaria febril.

Dentro del perfil de niños y niñas con riesgo elevado de bacteriemia ante una infección urinaria febril deberán considerarse así mismo todos aquellos que sean más vulnerables a padecer infecciones severas por presentar disfunciones del sistema inmunitario: pacientes con inmunodeficiencia primaria o secundaria, pacientes oncológicos, pacientes con diabetes o pacientes con síndrome nefrótico.

Riesgo de alteración funcional renal

Durante la infección urinaria febril habrá que prestar especial atención a aquellos pacientes que presenten alteración de la función renal, con elevaciones significativas de la creatinina o alteraciones electrolíticas. La presencia de estas alteraciones puede relacionarse con una amplia afectación del parénquima renal o con una lesión de extensión normal en un paciente con baja reserva funcional renal por presentar displasia, hipoplasia o glomerulonefritis crónica. En todas estas situaciones lo prudente será el ingreso hospitalario del paciente para la corrección de dichas alteraciones si lo requieren y para la adecuación de la terapia antibiótica al grado de insuficiencia renal presente.

Además de la asociación entre RVU y el riesgo incrementado de presentar daño renal permanente208,224,225, hay otras situaciones que deberían considerarse a la hora de decidir la estrategia de manejo del niño y niña con ITU febril. Así, elevaciones importantes de la creatinina durante una ITU febril, en lactantes con RVU, se ha mostrado como un posible factor predictivo de insuficiencia renal crónica en el futuro223.

La existencia de infecciones urinarias febriles de repetición se ha asociado con mayor riesgo de daño renal permanente en niños y niñas con y sin RVU. Partiendo de estos datos puede ser prudente considerar este dato a la hora de recomendar el ingreso hospitalario de estos pacientes para un mejor control204,241,242.

Riesgo de mal control terapéutico

Requerirán además ingreso hospitalario aquellos pacientes que no puedan ser manejados de forma ambulatoria al no poder garantizar un correcto cumplimiento del tratamiento antibiótico por vía oral. Entre ellos estarán niños y niñas con incapacidad para la ingesta oral o con presencia de vómitos persistentes y pacientes deshidratados que requieran de fluidoterapía endovenosa. Además, deberá analizarse con cuidado la situación social del paciente para garantizar un seguimiento adecuado. En caso de no poder garantizase puede indicarse el internamiento para mejorar el control11,73,126,243.

Se recomienda el control clínico en 48 horas de todo niño o niña con infección urina- ria febril en tratamiento ambulatorio244. Si en ese plazo de tiempo no aprecia mejoría de- bería revaluarse la estrategia terapéutica considerando las resistencias del germen en el urocultivo, valorar la posible presencia de complicaciones infecciosas y el estado general del paciente11,244.

A partir de estos datos el GEG por consenso, recomienda utilizar los siguientes crite- rios para indicar el ingreso hospitalario del paciente pediátrico con infección urinaria fe- bril.

Recomendaciones

Se recomienda el ingreso hospitalario de un niño o una niña con infección urinaria febril que cumpla con alguno de los siguientes criterios:
– Edad menor de 3 meses.
– Afectación del estado general, aspecto tóxico.
– Vómitos o intolerancia a la vía oral.
– Deshidratación, mala perfusión periférica.
– Malformaciones del sistema urinario: RVU, uropatía obstructiva, displasia renal, riñón único.
– Cuidados deficientes o dificultad para el seguimiento.
– Inmunodeficiencia primaria o secundaria.
– Alteraciones electrolíticas o de la función renal.
Puede considerarse el ingreso hospitalario, aunque pueden tratarse de forma ambulatoria bajo vigilancia, los niños y las niñas con infección urinaria febril si presentan alguno de los siguientes factores:
– Fiebre elevada (≥ 38,5 ºC) en niños o niñas de 3 a 6 meses de edad.
– Persistencia de la fiebre tras 48 horas de tratamiento.
– Factores de riesgo de germen no habitual (antibioterapia reciente, hospitalización reciente, cateterismo).
– Historia familiar de RVU o ecografia prenatal con hidronefrosis congenita.
– Infecciones urinarias febriles de repetición.
– Elevación importante de los reactantes de fase aguda.
En todos los demás casos se recomienda el manejo ambulatorio del paciente.

Criterios adaptados de la GPC del NICE sobre manejo y evaluación del niño y niña febril238.

12.2. Derivación al especialista

Pregunta a responder:

  • ¿Cuándo debe ser derivado un niño o una niña con ITU desde atención primaria a atención especializada?

La GPC del NICE recomienda por consenso un seguimiento a cargo de nefrología pediátrica si existe daño renal parenquimatoso permanente bilateral, alteración de la función renal, HTA y/o proteinuria11.

Otros autores consideran la derivación en el caso de pacientes con anomalías ne- frourológicas, PNA recurrentes, cicatrices renales, hipertensión arterial, historia familiar de RVU o enfermedad renal y síndrome de disfunción vesical sin respuesta a las medidas generales o asociado a RVU y/o anomalías de la región dorsolumbar244,245.

En definitiva, los criterios de derivación de un niño o una niña con ITU al especialista se basan en la necesidad de realizar pruebas complementarias para confirmación diagnós- tica o no disponibles en atención primaria; prescripción de un tratamiento específico, o la necesidad de seguimiento de anomalías o complicaciones.

La derivación de un niño o una niña con ITU al especialista estaría indicada cuando se precise lentificar la progresión de la enfermedad renal detectada o se requiera la confir- mación de daño renal en aquellas situaciones con mayor riesgo de asociarlo: anomalías estructurales o funcionales del tracto urinario, ITU atípicas o recurrentes, paciente menor de 2 años, etc.

Recomendaciones

Se recomienda derivación desde atención primaria a atención especializada si se cumple alguno de los siguientes criterios:
– Infección urinaria febril y/o ITU en menores de 2 años o en pacientes que no controlan la micción y a los que no se puede realizar estudio completo en atención primaria.
– Infecciones urinarias recurrentes.
– Infección urinaria atípica: fiebre > 48 horas, germen no habitual.
– Anomalías estructurales, riñón único y/o anomalías funcionales nefrourológicas.
– Daño renal permanente confirmado en estudios de imagen o mediante marcadores en sangre (urea, creatinina, cistatina C) o en orina (proteinuria, osmolalidad máxima urinaria).
– Hipertensión arterial.
– Retraso del crecimiento.
– Antecedentes familiares de enfermedad nefrourológica y/o ERC.
– Ansiedad familiar y/o confirmación diagnóstica.

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