La salud de las personas no depende únicamente de factores biológicos o genéticos. El lugar en el que vivimos, trabajamos o nos relacionamos influye de manera decisiva en nuestro bienestar. De hecho, la evidencia señala que la salud y la enfermedad dependen más del código postal que del código genético, lo que pone de relieve el peso de los determinantes sociales, es decir, cómo el conjunto de circunstancias a través de las cuales las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como los sistemas establecidos para combatir las enfermedades, condicionan la salud.

Bajo esta premisa, la guía “Participar para ganar salud” (pdf), basada en la adaptación española de las recomendaciones internacionales sobre participación comunitaria, pone el foco en el papel activo de la ciudadanía como elemento clave para mejorar la salud y reducir desigualdades. Este documento es la versión para todos los públicos de la «Guía Participación Comunitaria: Mejorando la salud y el bienestar y reduciendo desigualdades en salud».

El documento, del que nos hacemos eco desde GuíaSalud, ha sido elaborado en el marco del proyecto AdaptA GPS, con la participación de profesionales de distintas instituciones y bajo la coordinación del Ministerio de Sanidad, y plantea la idea central de que, para mejorar la salud colectiva, es necesario contar con las personas en la toma de decisiones que afectan a su vida cotidiana. Además, esta versión se presenta como una herramienta accesible para todos los públicos, con un lenguaje claro y sin tecnicismos, que busca implicar tanto a profesionales como a la ciudadanía.

La salud también se construye fuera del sistema sanitario

Condiciones de vida como el entorno urbano, el empleo, la educación o los cuidados influyen directamente en la salud. Por ello, decisiones como el diseño de una calle, un menú escolar o las condiciones laborales tienen un impacto real en el bienestar de la población.

Sin embargo, estas decisiones suelen adoptarse en ámbitos técnicos o políticos sin la participación directa de la ciudadanía. La guía subraya que incorporar la voz de las personas permite diseñar medidas más eficaces, adaptadas a las necesidades reales y con mayor impacto en la salud

Además, participar no solo mejora las políticas públicas, sino también la propia salud de las personas, al fortalecer las redes sociales, el apoyo comunitario y el sentimiento de pertenencia. Contar con redes sólidas de cuidado y con entornos donde el encuentro sea seguro y agradable es un factor clave para la salud colectiva.

Uno de los aspectos clave que analiza la guía es la desigualdad en salud. En España, existen diferencias significativas en la esperanza de vida y en los años vividos con buena salud en función de factores como el nivel socioeconómico, el género o el origen.Por ejemplo, estudios han detectado diferencias de hasta ocho años en la esperanza de vida entre barrios de una misma ciudad. Estas desigualdades, además de injustas, son evitables y afectan al conjunto de la sociedad. También se observan diferencias en los años vividos con buena salud, ya que son menores en mujeres, en personas con trabajos manuales o en colectivos migrantes y racializados. Esto refleja una “escalera social” en la que la salud empeora a medida que disminuyen los recursos y la capacidad de control sobre la propia vida.

En este contexto, la participación comunitaria se plantea como una herramienta para garantizar que todas las voces, especialmente las de los colectivos más vulnerables, estén presentes en las decisiones que afectan a la salud

Una guía para hacer efectiva la participación

La guía adapta al contexto español las recomendaciones de National Institute for Health and Care Excellence (NICE), basadas en la evidencia sobre qué estrategias funcionan realmente en participación comunitaria.Su objetivo es ofrecer un lenguaje común y accesible que facilite la implicación de la ciudadanía, los profesionales, las administraciones públicas y el tejido asociativo.

Entre sus principales aportaciones destacan cinco líneas de acción:

  1. Trabajar de forma conjunta desde el inicio
    La participación debe integrarse en todas las fases de las actuaciones en salud: diseño, puesta en marcha y evaluación. Esto implica reconocer el conocimiento de la comunidad y fomentar redes de colaboración. También supone respetar el derecho de las personas a implicarse según su voluntad y facilitar el intercambio de conocimientos, habilidades y experiencias.
  2. Construir alianzas basadas en las necesidades locales
    Las acciones deben partir de las prioridades reales de cada comunidad, aprovechando sus recursos y fortalezas, y promoviendo la cooperación entre instituciones y ciudadanía. 
  3. Facilitar la implicación activa de la población
    Es fundamental identificar personas referentes dentro de la comunidad, fomentar la participación entre iguales y ofrecer formación y apoyo para que puedan implicarse de manera efectiva. Asimismo, se promueve que estas personas actúen como puente entre instituciones y ciudadanía, especialmente para llegar a grupos en situación de mayor vulnerabilidad.
  4. Integrar la participación en las políticas públicas
    Las administraciones deben incorporar procedimientos, recursos y sistemas de evaluación que garanticen la participación comunitaria de forma estructural y sostenida en el tiempo. Esto implica planificar recursos suficientes, establecer mecanismos de seguimiento y asegurar que los aprendizajes obtenidos se incorporen en futuras actuaciones.
  5. Eliminar barreras para participar
    Para que la participación sea real, debe ser accesible. Esto incluye adaptar los canales de comunicación, ofrecer información clara, facilitar horarios, garantizar espacios inclusivos y tener en cuenta la diversidad cultural, social y funcional. También supone identificar y reducir barreras específicas, como la desigualdad en el acceso a internet,, las dificultades de comunicación por hablar diferentes idiomas o las cargas de cuidados, e incorporar medidas como servicios de apoyo (ludotecas, atención a la dependencia) que faciliten la participación.

Participación, salud y equidad: un cambio de enfoque

La guía propone avanzar hacia un modelo de salud más participativo, en el que las personas dejen de ser receptoras pasivas y pasen a formar parte activa de las decisiones que afectan a su bienestar.

Este enfoque no solo mejora la calidad de las prestaciones o acciones en salud , sino que contribuye a construir sociedades más justas, cohesionadas y saludables. Además, promueve una forma de trabajo basada en la confianza, el compromiso y el desarrollo de capacidades comunitarias, entendiendo que estos procesos requieren tiempo y recursos.

En definitiva, participar no es solo un derecho, sino también una herramienta eficaz para ganar salud y reducir desigualdades.

El documento, basado en una revisión sistemática de la evidencia con metaanálisis, y en el consenso de expertos, busca orientar la toma de decisiones clínicas en una patología poco frecuente, pero de alto impacto

Zaragoza, mayo de 2026.- GuíaSalud ha publicado un nuevo Producto Basado en la Evidencia (OPBE) centrado en el manejo del ictus isquémico en la infancia y la adolescencia, un documento concebido como una herramienta de apoyo a los profesionales sanitarios en la toma de decisiones clínicas ante esta patología.

El OPBE ha sido elaborado por el Área de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Andalucía (AETSA) en el marco del Plan anual de trabajo de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud, financiado por el Ministerio de Sanidad.

El ictus en población pediátrica, aunque menos frecuente que en adultos, representa una de las diez causas más habituales de mortalidad entre los 5 y los 24 años. Sus consecuencias pueden ser especialmente graves, ya que hasta el 50 % de los recién nacidos y el 65 % de los niños y niñas mayores de un mes que lo sufren presentan déficits motores duraderos. A su vez, hasta el 60 % de los casos neonatales desarrollan déficits cognitivos, especialmente en funciones ejecutivas y del lenguaje.

Esta elevada carga de enfermedad, junto con la falta de recomendaciones específicas adaptadas por edad, ha motivado la elaboración de este OPBE, que pone el foco en el tratamiento del ictus isquémico agudo en la infancia y la adolescencia.

El documento combina una revisión sistemática de la literatura con un proceso de consenso de expertos mediante el método RAND/UCLA. En total, se evaluaron 128 escenarios clínicos relacionados con el uso de tratamientos como la trombectomía mecánica y la fibrinólisis con rtPA.

El objetivo principal ha sido identificar las opciones terapéuticas más adecuadas en función de las características del paciente, analizando tanto su efectividad como su seguridad, y desarrollando una herramienta de ayuda a la toma de decisiones para profesionales sanitarios.

Los resultados del análisis muestran que, en términos generales, los tratamientos evaluados presentan resultados similares en efectividad y seguridad a los observados en población adulta. En concreto, se alcanzaron tasas de buena reperfusión (mTICI score 2b–3) superiores al 87 %, mientras que las complicaciones hemorrágicas se situaron por debajo del 5 % tanto en trombectomía como en fibrinólisis.

No obstante, el documento subraya que una de las principales limitaciones actuales es la falta de criterios claramente definidos para identificar qué pacientes pediátricos son los más adecuados para cada tratamiento.

El consenso con el método RAND/UCLA aporta matices importantes en función de la edad del paciente:

El OPBE también pone de relieve la complejidad del diagnóstico en población pediátrica. A diferencia de los adultos, los síntomas pueden ser menos específicos, especialmente en edades tempranas, donde pueden presentarse como crisis epilépticas, alteraciones del nivel de conciencia o déficits neurológicos focales.

Esta variabilidad clínica, unida a la baja frecuencia de la enfermedad, hace imprescindible un alto índice de sospecha y una identificación temprana de factores de riesgo para mejorar el pronóstico.

Con la difusión de este OPBE, GuíaSalud contribuye a reducir las lagunas de conocimiento existentes y a mejorar la calidad de la atención sanitaria en un ámbito especialmente sensible como es el manejo del ictus pediátrico.

El documento no solo sintetiza la mejor evidencia disponible, sino que también propone criterios de uso adecuado y líneas de investigación futura, con el objetivo de avanzar hacia una atención más precisa, segura y adaptada a las necesidades de niños y adolescentes.

El OPBE Manejo del Ictus en la Infancia y Adolescencia puede consultarse en el siguiente enlace: https://portal.guiasalud.es/opbe/manejo-ictus-isquemico-infancia-adolescencia/

La Sociedad Española de Reumatología advierte de los riesgos de iniciar dosis máximas o mantener niveles bajos sin alcanzar el objetivo terapéutico

Recientemente, el portal de GuíaSalud ha incorporado una nueva Recomendación de No Hacer (RNH) en la que se desaconseja iniciar el tratamiento hipouricemiante con la dosis máxima aprobada o mantener dosis bajas cuando no se ha alcanzado el objetivo terapéutico de niveles de ácido úrico en sangre.

La recomendación, elaborada por la Sociedad Española de Reumatología (SER), subraya la importancia de ajustar la dosis de estos tratamientos de forma progresiva, teniendo en cuenta factores de distinta naturaleza como la respuesta clínica del paciente, sus niveles séricos de ácido úrico y la tolerancia al medicamento.

Este tipo de fármacos, utilizados de manera habitual en el abordaje de enfermedades del sistema musculoesquelético y del tejido conectivo, requieren un seguimiento individualizado para garantizar su eficacia y seguridad.

El documento pone el foco en evitar prácticas que pueden no aportar beneficios clínicos o incluso generar riesgos, como por ejemplo el uso inadecuado de dosis, y apuesta por una estrategia de ajuste gradual que permita alcanzar los objetivos terapéuticos de forma segura.

Una vez más, con esta recomendación GuíaSalud refuerza la importancia de una atención basada en la evidencia científica, orientada a optimizar los tratamientos y en mejorar los resultados en salud de los pacientes.

La recomendación completa puede consultarse en el portal de GuíaSalud.

https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2026/02/rnh_51_207.pdf

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Profesionales, instituciones y pacientes abordan el impacto de las recomendaciones de “No hacer” para mejorar la calidad asistencial y la sostenibilidad del sistema
• GuíaSalud refuerza su compromiso con las prácticas basadas en la evidencia y presenta su nueva identidad visual en el marco de estas jornadas

Zaragoza, 14 de abril de 2026.- La jornada científica de GuíaSalud, titulada “Hacia una atención centrada en el valor: Adecuación de la asistencia y Recomendaciones de No Hacer” ha reunido este martes a más de 200 personas en el salón de actos Ernest Lluch del Ministerio de Sanidad, en Madrid, en una cita que ha puesto el foco en cómo mejorar la práctica clínica evitando intervenciones innecesarias y reforzando el papel activo de los y las pacientes en la toma de decisiones.

Organizada por la Secretaría de GuíaSalud, y el Ministerio de Sanidad, la jornada ha estado dirigida a profesionales sanitarios, sociedades científicas, asociaciones de pacientes, agencias de evaluación, medios especializados y ciudadanía interesada, con el objetivo de conocer como las comunidades autónomas implementan recomendaciones para adecuar la práctica clínica a la evidencia y el papel de las sociedades científicas en la iniciativa de “No Hacer”.

Durante la inauguración, el director general de Salud Pública y Equidad en Salud, Pedro Gullón, ha subrayado que la atención sanitaria debe basarse en la mejor evidencia disponible, la experiencia clínica y el contexto del paciente.

“La práctica clínica valiosa es aquella que aporta más beneficios que efectos no deseados, y tiene en cuenta las circunstancias y la opinión de las personas, las cuales deben estar en el centro”, ha señalado Gullón, quien también ha advertido de la importancia de evaluar el balance riesgo-beneficio.

Del mismo modo, ha considerado que “estamos en un momento en el que la atención centrada en el valor ha ganado peso y ahora toca pasar de la reflexión a la acción, priorizando intervenciones que realmente aporten beneficio”.

En la misma línea, la directora gerente del IACS, Elena Gonzalvo, ha destacado que “la evidencia científica es un motor fundamental para la transformación del sistema sanitario”, ya que permite definir buenas prácticas, mejorar la eficiencia y avanzar en equidad.

A su vez, ha remarcado que “evitar prácticas inadecuadas no solo reduce complicaciones, sino que permite que el sistema sea más eficiente y esté mejor orientado hacia lo que realmente necesitan los pacientes”.

Experiencias autonómicas y claves para la implementación

La jornada ha incluido una primera mesa redonda centrada en la implementación de buenas prácticas clínicas y de Recomendaciones de “No Hacer” en las Comunidades Autónomas, con ejemplos de experiencias de Madrid y Navarra.

El subdirector general de Calidad Asistencial de la Comunidad de Madrid, Alberto Pardo, ha destacado el impacto de estas recomendaciones en la sostenibilidad del sistema y la seguridad del paciente. “Desimplementar requiere estrategias multifacéticas, liderazgo clínico, cultura organizativa y constancia”, ha señalado, al tiempo que ha resumido las claves en las “tres ‘E’” de “evidencia, eficiencia y eminencia”.

Por su parte, Ana Mateo, del Servicio Navarro de Salud, ha incidido en que la implantación de la evidencia “es un proceso continuo, dinámico e interactivo” que requiere formación, evaluación constante y compromiso organizativo. “Las necesidades de cambio deben surgir de los propios profesionales y apoyarse en estructuras estables para garantizar su sostenibilidad”, ha explicado.

No obstante, ha reconocido la existencia de barreras como la presión asistencial o la falta de tiempo, “que pueden ser oportunidades si se trabajan de forma colaborativa”.

El papel de las sociedades científicas y la comunicación con el paciente

La segunda mesa ha abordado el papel de las sociedades científicas en la identificación y difusión de las Recomendaciones de “No Hacer”.

Desde la Unión Española de Sociedades Científicas de Enfermería (UESCE), María Lourdes de Torres ha puesto el acento en la comunicación con el paciente: “Explicar qué se hace, por qué y para qué, reduce la incertidumbre. Esa conversación es fundamental para mejorar la adherencia”. “Mirar a los ojos, escuchar y adaptar la información a cada persona es tan importante como cualquier otro protocolo”, ha subrayado.

Por su parte, el representante de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), Javier García Alegría, ha destacado que “no hacer también es una decisión clínica fundamentada”, y ha defendido la necesidad de un cambio conceptual hacia una medicina basada en el valor, con formación específica y evaluación sistemática. “Esto implica alinear objetivos institucionales, formar a profesionales y pacientes y evaluar de manera sistemática todas las decisiones”, ha indicado en este espacio.

En la misma línea, Antonio Buño, expresidente de la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (SEMEDLAB), ha advertido de la necesidad de mantener las recomendaciones como “documentos vivos” que se actualicen de forma continua porque “la evidencia evoluciona constantemente”, mientras que Fernando Sierra, presidente de la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR), ha incidido en la importancia de “explicar de forma transparente al paciente decisiones que pueden parecer contraintuitivas”. “Es fundamental explicarlas bien y mantener coherencia en el mensaje entre profesionales”, ha afirmado.

Una estrategia transformadora para el sistema sanitario

En la clausura, el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha destacado que las Recomendaciones de “No Hacer” responden a “una filosofía clínica transformadora” que cuestiona la inercia intervencionista y reconoce la existencia de prácticas innecesarias.

“Las recomendaciones deben ser una herramienta dinámica, adaptada a nuevas realidades”, ha señalado, al tiempo que ha advertido que no deben confundirse con políticas de recortes y que “abandonan la inercia de “hacer por hacer” reconociendo que existen ámbitos de sobreactuación”.

Por su parte, María Fernández, subdirectora de Calidad Asistencial, ha subrayado que “un paciente informado es un paciente más seguro” y que “la atención centrada en el valor carece de sentido si el paciente no está en el diálogo”. “La valentía de señalar lo que ya no suma es lo que permite evolucionar al sistema sanitario”, ha apuntado.

Como conclusión, Elena Gonzalvo ha recordado que «es necesaria una estrategia institucional”, ha afirmado.

Nueva identidad e imagen en GuíaSalud

La jornada ha servido además para presentar una nueva imagen de GuíaSalud, reforzando su papel como herramienta clave para avanzar hacia un sistema sanitario más eficiente, seguro y centrado en el paciente.

Esta renovación responde a la necesidad de adaptar la imagen a los retos actuales, facilitando una comunicación más clara, accesible y alineada con el enfoque de atención centrada en el valor.
Con este nuevo diseño, se pretende mejorar la identificación de sus recursos y reforzar su papel como referencia para profesionales y pacientes en la toma de decisiones basadas en la evidencia.

Sobre GuíaSalud

El Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS) ejerce la secretaría de GuíaSalud desde el año 2004. Es un organismo del Sistema Nacional de Salud (SNS) en el que participan las 17 Comunidades Autónomas y el Ministerio de Sanidad. Fue creado en 2002 y adoptado en 2003 por el Consejo Interterritorial del SNS como instrumento para mejorar la calidad de la atención sanitaria.

Entre sus funciones se encuentra la de potenciar la elaboración y uso de guías de práctica clínica, recursos y otros productos basados en la evidencia científica para apoyar la toma de decisiones de los profesionales y pacientes en el SNS e impulsar la creación de redes de colaboración entre entidades de toda España.

El órgano de dirección, que impulsa el desarrollo de guías de práctica clínica basadas en la evidencia en el Sistema Nacional de Salud, ha definido las líneas de trabajo para 2026 en su reunión del primer trimestre.

Zaragoza, marzo de 2026.- El Consejo Ejecutivo de GuíaSalud, órgano responsable de la dirección, coordinación y control de esta iniciativa estratégica del Sistema Nacional de Salud (SNS), ha reafirmado su papel clave en el impulso de las guías de práctica clínica y otros productos basados en la evidencia científica durante su reunión del primer trimestre del año.

Entre sus principales funciones, el Consejo Ejecutivo trabaja para promover la elaboración, adaptación y actualización de Guías de Práctica Clínica (GPC) y otros productos basados en la evidencia (OPBE), garantizar su acceso a los profesionales sanitarios, fomentar su implementación en el SNS y reforzar la formación en este ámbito. Asimismo, impulsa la difusión de GuíaSalud tanto a nivel nacional como internacional.

Este órgano está integrado por representantes institucionales de todas las comunidades autónomas, junto con la Dirección General competente del Ministerio de Sanidad, que ostenta la presidencia. Su labor también incluye recoger las necesidades específicas de cada territorio, definir líneas estratégicas comunes y definir la actividad de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS) relacionada con los productos que se elaboran en el marco de GuíaSalud.

En este contexto, el Consejo Ejecutivo ha celebrado su reunión del primer trimestre este 11 de marzo por videoconferencia, en la que se ha aprobado la memoria de actividades de 2025 y se ha revisado y validado el plan de trabajo de GuíaSalud para 2026.

Durante la sesión, también se han priorizado las nuevas Guías de Práctica Clínica y otros productos basados en la evidencia que se desarrollarán en el marco del Programa de GPC en el SNS, en colaboración con las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias que conforman la red estatal.

Dos veces al año

Tal y como establece su reglamento, el Consejo Ejecutivo se reúne dos veces al año. Esta primera cita anual tiene como objetivo evaluar el ejercicio anterior y establecer las prioridades y acciones estratégicas para el nuevo periodo, consolidando así el compromiso de GuíaSalud  con una práctica clínica basada en la mejor evidencia disponible y orientada a mejorar la calidad asistencial en todo el Sistema Nacional de Salud.

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El documento incorpora avances tecnológicos y evidencias científicas de los últimos años con el objetivo de unificar la atención en todo el país y ofrecer un control más seguro a los pacientes desde el inicio de la enfermedad.

Zaragoza, febrero de 2026.- GuíaSalud ha publicado la actualización de la Guía de Práctica Clínica sobre la Diabetes Mellitus Tipo 1 (más conocida como DM1). Un documento de referencia dirigido a profesionales sanitarios de toda España que orienta no solo en el diagnóstico, sino también en el tratamiento, seguimiento y la educación en cuidados de las personas que padecen esta compleja enfermedad.

La nueva versión coordinada por el Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud (SESCS) reúne y actualiza una serie de recomendaciones que no se revisaban en profundidad desde hace más de una década.

En cuanto a su desarrollo, la guía ha sido elaborada por un equipo multidisciplinar de especialistas de todo el país -entre médicos/as especialistas en endocrinología, familia y pediatría, enfermeros/as, nutricionistas o psicólogos/as- que ha contado con la participación directa de personas con DM1 y sus familiares o personas cuidadoras. Todo esto, tras llevar a cabo una revisión exhaustiva de la evidencia científica disponible hasta la fecha.

¿El objetivo principal de esta publicación? No es otro que garantizar que cualquier persona con diabetes tipo 1 tenga acceso a una atención adecuada y basada en la evidencia científica desde el momento del diagnóstico, incorporando avances actuales como la monitorización continua de glucosa o los sistemas automatizados en materia de administración de insulina, entre otros.

Por otro lado, entre las principales recomendaciones que aparecen recogidas en la guía, destacan ciertos objetivos de control glucémico más ambiciosos y seguros desde las primeras fases de la enfermedad, así como la implementación de tecnologías de monitorización y del denominado “páncreas artificial” en determinados casos, el refuerzo del diagnóstico inmunológico temprano y la educación en diabetes de manera estructurada, como parte esencial del tratamiento.

Y no solo eso. La guía también contempla una serie de pautas específicas para situaciones especiales, como el embarazo o las situaciones de manejo hospitalario.

Además, esta actualización cubre un vacío de 14 años. Su importancia radica principalmente en ofrecer orientación ante nuevas tecnologías y la evidencia científica reciente. Asimismo, busca unificar criterios para reducir la variabilidad clínica en el Sistema Nacional de Salud y garantizar la equidad, seguridad y calidad asistencial de las personas con diabetes tipo 1.

La publicación forma parte del compromiso de GuíaSalud, cuya Secretaría está coordinada por el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS), con la elaboración de una serie de guías basadas en la evidencia científica, en colaboración con servicios de salud y sociedades científicas de todo el país.

La Guía de Práctica Clínica sobre Diabetes Mellitus Tipo 1, así como su edición específica para pacientes, puede consultarse en el portal de GuíaSalud, en el siguiente enlace:

https://portal.guiasalud.es/gpc/diabetes-mellitus-tipo-1/

 

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Zaragoza, 16 de diciembre de 2025.– El Consejo Ejecutivo de GuíaSalud ha celebrado su última reunión del año con el objetivo de hacer seguimiento de las actividades desarrolladas a lo largo de 2025 y definir las principales líneas estratégicas que guiarán el trabajo durante 2026.

Durante el encuentro, que ha dirigido la secretaría de GuíaSalud que ostenta el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud IACS, se ha realizado un balance positivo de las iniciativas impulsadas en 2025, con especial énfasis en el fomento de la implementación de las Guías de Práctica Clínica (GPC). En este ámbito, se ha destacado el papel activo de los representantes del Consejo Ejecutivo, cuya implicación ha sido clave para trasladar las recomendaciones a la práctica clínica real y reforzar su adopción en los distintos ámbitos del Sistema Nacional de Salud.

También se ha puesto en valor otro de los ejes relevantes del año como ha sido la implementación de una estrategia de comunicación, orientada a mejorar la visibilidad, el alcance y la comprensión de los distintos productos elaborados por GuíaSalud. Esta estrategia ha permitido fortalecer la difusión entre profesionales sanitarios, decisores y ciudadanía favoreciendo un mayor impacto de los productos desarrollados.

Asimismo, el Consejo Ejecutivo ha analizado los avances del plan de mejora de los tiempos de elaboración de las Guías de Práctica Clínica, una línea prioritaria de trabajo destinada a optimizar los procesos metodológicos sin comprometer la calidad, el rigor científico ni la transparencia que caracterizan a GuíaSalud.

De cara a 2026, el Consejo ha acordado seguir consolidando estas líneas de actuación, reforzando la implementación efectiva de las guías, profundizando en las acciones de comunicación estratégica y avanzando en la mejora continua de los procesos de elaboración, con el objetivo de dar respuesta a las necesidades del sistema sanitario y de los profesionales.

Con esta reunión, GuíaSalud reafirma su compromiso con la calidad, la eficiencia y la utilidad clínica de las guías y recomendaciones, como herramientas clave para apoyar la toma de decisiones basada en la evidencia científica.


Cabe recordar que el Consejo Ejecutivo de GuíaSalud está formado por representantes de las 17 Comunidades Autónomas y el Ministerio de Sanidad. Lo preside la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad y tiene como misión principal atender y controlar el desarrollo y cumplimiento de los objetivos de GuíaSalud. 

Zaragoza, 11 de diciembre de 2025.- La divulgación es fundamental para que los distintos productos basados en la evidencia lleguen a las consultas y se apliquen. Con esa filosofía, GuíaSalud ha participado este miércoles en  la Jornada de adecuación de la práctica clínica en salud mental, organizada por el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud  junto con la Dirección General de Salud Mental del Gobierno de Aragón y que ha estado dedicada a acercar a los profesionales sanitarios todas las herramientas disponibles en este campo. 

GuíaSalud ha participado como referente nacional en la elaboración de productos basados en la evidencia científica  y en fomentar su implantación en las consultas. En este sentido, distintos representantes del mismo han puesto en valor los productos, la metodología y resultados obtenidos. 

Entre ellos, ha participado María José Vicente, técnica del área de Decisiones Basadas en la Evidencia del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud y miembro de la secretaría de GuíaSalud. Ella  ha sido la encargada de exponer, entre otras cuestiones, la importancia que tienen las Guías de Práctica Clínica pero también las Recomendaciones de no hacer, elaboradas por las sociedades científicas y con el aval de GuíaSalud. 

En este sentido, ha expuesto el proceso y los criterios implantados y que hacen que el producto cumpla con todas las garantías. Ha sido momento también para mostrar, igualmente, cómo se está trabajando la colaboración con el Comisionado sobre Salud Mental a nivel nacional sobre el tratamiento en el ámbito de salud mental y la prevención del suicidio y depresión en población infantil y adolescentes en atención primaria. Y, en esto, Vicente ha resaltado que se trata de acciones que incluyen a distintos profesionales   y pacientes, a quienes va dirigida en gran medida la Guía de Práctica Clínica sobre intervenciones psicosociales en el Trastorno Mental Grave que se ha presentado durante el acto. 

En esa línea, y dentro de una mesa específica sobre la buenas prácticas e implementación de las Recomendaciones de No Hacer, la también técnica del IACS, Analia Abt, ha mostrado la importancia que tiene promover una práctica clínica responsable, centrada en la seguridad del paciente y en garantizar intervenciones seguras, útiles y coherentes con la evidencia. Y, además, en ver las distintas opciones que puedan contribuir a provocar el cambio en las propias consultas. 

Así, es fundamental el rigor clínico a la hora de tomar decisiones y, en ese sentido, las Recomendaciones de No Hacer son claves. Según Abt, el cambio debe ir de la mano de campañas de sensibilización y concienciación, que ayuden a los profesionales a concienciarse sobre la necesidad de modificar algunas  prácticas clínicas en post de una mejor atención. Y, en ese sentido, la participación de GuíaSalud en jornadas y eventos como el de Zaragoza resultan imprescindibles. 

Cabe recordar que este evento tenía como finalidad revisar y actualizar prácticas clínicas en el ámbito de la salud mental, promoviendo la implementación de guías basadas en la evidencia y los “Otros Productos Basados en la Evidencia” (OPBE) y el abordaje de la implementación de RNH.  Estaba dirigido a profesionales sanitarios del Sistema de Salud de Aragón —psicólogos, psiquiatras, personal de atención primaria, farmacia, servicios centrales—, así como a pacientes, asociaciones de usuarios y otras personas interesadas en salud mental.

Zaragoza, 11 de diciembre de 2025.– La Sociedad Española de Reumatología (SER) ha emitido una nueva recomendación clínica en la que desaconseja el uso de anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) en pacientes con Síndrome Antifosfolípido (SAF) que presentan antecedentes de trombosis y muestran un perfil serológico de alto riesgo.

Según la entidad, esta medida responde a la necesidad de adecuar la práctica clínica a las directrices internacionales y a los avisos emitidos en los últimos años por organismos sanitarios europeos.

La advertencia se fundamenta en los datos difundidos por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) en 2019, que ya alertaba sobre la falta de eficacia de los ACOD en este tipo de pacientes. Posteriormente, la Alianza Europea de Asociaciones de Reumatología (EULAR) insistió en restringir su uso en pacientes con SAF, especialmente cuando existe triple positividad en los anticuerpos antifosfolípidos, uno de los marcadores de mayor riesgo trombótico.

Pese a la recomendación de no usar estos fármacos de forma rutinaria, la SER reconoce que los ACOD podrían considerarse en situaciones muy específicas, como pacientes con alergia o intolerancia a los anticoagulantes antivitamina K, a quienes tengan dificultad para mantener niveles terapéuticos de INR con los tratamientos tradicionales o en casos de trombosis venosa de bajo riesgo y perfil serológico bajo.

 

A pesar de las recomendaciones nacionales e internacionales, la SER advierte de que en la práctica clínica aún se observa un uso extendido e indiscriminado de ACOD en pacientes con síndrome antifosolípido, incluso en aquellos con perfiles de riesgo elevado. La sociedad científica subraya la importancia de corregir esta tendencia para evitar complicaciones y mejorar la seguridad del tratamiento.

La recomendación afecta directamente al área de Reumatología, especialidad responsable del manejo del Síndrome Antifosfolípido dentro del marco de las enfermedades del sistema musculoesquelético y del tejido conectivo.

Esta nueva Recomendación de No Hacer se incorpora al catálogo de prácticas que GuíaSalud pone a disposición del Sistema Nacional de Salud con el objetivo de mejorar la calidad y la seguridad asistencial, evitando actuaciones que no aportan beneficio clínico y pueden poner en riesgo la recuperación del paciente.

GuíaSalud, cuya Secretaría ostenta  el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS), promueve desde hace años la elaboración de guías de práctica clínica y recomendaciones de no hacer, en colaboración con sociedades científicas de todo el país.

 

La recomendación completa puede consultarse en: https://portal.guiasalud.es/no-hacer/anticoagulantes-orales-de-accion-directa-antecedentes-trombosis-sindrome-antifosfolipido/

 

 

Zaragoza, 5 de diciembre de 2025.- La Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) ha emitido una nueva recomendación dentro de su estrategia de prácticas de “No Hacer” en la que desaconseja la realización de FibroScan anual en pacientes que no presentan fibrosis significativa y cuya enfermedad hepática se encuentra estable.

Según la sociedad científica, esta medida busca reducir el número de pruebas innecesarias en un contexto de creciente demanda, optimizando así los recursos disponibles y mejorando la atención de quienes realmente necesitan esta evaluación. En casos de enfermedad hepática activa, la recomendación aclara que la indicación del FibroScan puede ser valorada individualmente.

La SEPD explica que no existen datos sólidos que justifiquen la realización habitual de un FibroScan anual en pacientes sin fibrosis relevante y con patología hepática estable. Por ello, la sociedad científica considera más adecuado reservar la prueba para pacientes cuya evolución clínica lo requiera.

El beneficio principal de esta medida sería la disminución de la carga asistencial y de las listas de espera, permitiendo priorizar a quienes presentan mayor riesgo o cambios en su estado hepático.

Especialmente dirigida a especialistas del Aparato Digestivo, esta nueva Recomendación de No Hacer forma parte del catálogo de prácticas que GuíaSalud pone a disposición del Sistema Nacional de Salud con el objetivo de mejorar la calidad y la seguridad asistencial, evitando actuaciones que no aportan beneficio clínico y pueden poner en riesgo la recuperación del paciente.

GuíaSalud, cuya Secretaría ostenta  el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS), promueve desde hace años la elaboración de guías de práctica clínica y recomendaciones de no hacer, en colaboración con sociedades científicas de todo el país.

 

La recomendación completa puede consultarse en:https://portal.guiasalud.es/no-hacer/se-recomienda-no-realizar-fibroscan-anual-en-el-seguimiento-de-pacientes-sin-fibrosis-significativa-y-con-enfermedad-hepatica-estable/