Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria.

V. resumida | Consulta rápida | Info. Pacientes

  1. Introducción
  2. Alcance y objetivos
  3. Metodología
  4. Epidemiología de los trastornos del sueño
  5. Conceptos y clasificaciones
  6. Valoración general y medidas preventivas
  7. Definición, diagnóstico y tratamiento de los trastornos
  8. Información al paciente/familiares del paciente
  9. Estrategias diagnósticas y terapéuticas
  10. Difusión e implementación
  11. Líneas de investigación futura
  12. Bibliografía

4. Epidemiología de los trastornos del sueño

Los trastornos del sueño constituyen uno de los motivos de consulta cada vez más frecuentes en las consultas pediátricas, con repercusiones que abarcan tanto la propia esfera del niño (irritabilidad, disminución de la atención y de la concentración) como la calidad de vida de sus padres y familiares (perturbación del sueño en los padres y hermanos, alteración en la relación padres-niño-familia).

Conocer la epidemiología de los trastornos del sueño en la infancia y adolescencia ayudará a entender la relevancia clínica que dichos trastornos tienen.


4.1. Prevalencia

Hay pocos estudios en España que hayan analizado la prevalencia de los trastornos del sueño en la infancia y la adolescencia, porque los hábitos de sueño y la prevalencia de las alteraciones del mismo han sido escasamente valorados de manera global. La prevalencia de los trastornos del sueño varía en función de la definición utilizada y del tipo de problema que se estudie. Pero la definición de los trastornos del sueño en la infancia es sorprendentemente difícil por varias razones:

• A menudo existen problemas del sueño en lugar de verdaderos trastornos del sueño. Los problemas del sueño son fáciles de definir: se trata de patrones de sueño que son insatisfactorios para los padres, el niño o el pediatra. Pueden estar relacionados con el bienestar del niño o con el de la familia; pero no todos los problemas del sueño son anormalidades ni todos precisan tratamiento. El trastorno del sueño, por el contrario, se definirá como una alteración real, no una variación, de una función fisiológica que controla el sueño y opera durante el mismo. Así pues, el trastorno representa una función anormal mientras que el problema puede representarla o no.

• Frecuentemente los incovenientes son para los padres y no para el niño. Situaciones que para unas familias son problemáticas no lo son para otras del mismo entorno. Se ha calculado que en el primer año de vida del niño los padres suelen perder entre 400 y 750 horas de sueño.

• Las diferencias entre lo normal y lo anormal muchas veces son definidas según la edad y no según el patrón de sueño. La evaluación y definición de los trastornos del sueño en la infancia se complica, además, si tenemos en cuenta que los mismos síntomas pueden tener significados muy diferentes según la edad del niño: por ejemplo, es de poco valor saber que un paciente moja la cama si desconocemos la edad del mismo pues es una situación normal a los dos años y patológica a los nueve.

De manera general, en niños menores de cinco años se estima que aproximadamente un 30% presentan problemas y/o alteraciones del sueño de diverso orden. Una revisión de los diferentes estudios muestra que entre el 13% y el 27% de los padres de niños de 4 a 12 años de edad, refieren la presencia de dificultades con el sueño que incluyen resistencia a acostarse, ansiedad en el momento de acostarse, inicio de sueño retrasado, colecho reactivo, ronquido, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo, despertar matinal precoz y somnolencia diurna excesiva. Estos problemas suelen ser estables a lo largo de la infancia de manera que, un niño con dificultades del sueño a los 8 meses probablemente continuará mostrando dificultades con el sueño a los 3 años de edad y aquellos con problemas a los 2 años, continuarán teniendo dificultades con el sueño a los 12 años de edad10-13. Esta tendencia también se observa en otro estudio más reciente realizado en el contexto americano, en el que entre un 6% y un 11% de los padres/cuidadores de niños de 0 a 10 años piensan que el niño tiene problemas de sueño14. Otro estudio reciente, en el mismo contexto internacional, y en pediatría en AP, pone de manifiesto, sin embargo, una prevalencia global de un 3,7% de trastornos del sueño según la clasificación internacional de enfermedades (CIE-9) en niños de 0 a 18 años. Atribuyen esta baja prevalencia respecto a otros estudios a un probable infradiagnóstico en el contexto de AP8.

A continuación se presenta la epidemiología de los trastornos del sueño en la infancia y adolescencia dividiendo los mismos en cinco grandes grupos, según la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño: Manual Diagnóstico y Codificado. 2ª edición (ICSD-2), Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) y destacando dentro de cada uno de ellos aquellos más relevantes por su frecuencia en la edad infantil.

 

4.1.1. Insomnio

El insomnio infantil afecta a un 30% de los niños entre los 6 meses y 5 años. En el 5% de los casos se produce por causas médicas y en el 25% restante, es de origen conductual15-19.

En nuestro contexto, en una encuesta realizada en la Comunidad Valenciana, menos del 50% de los niños de 6 a 12 meses de edad se dormían de manera autónoma. El 18,6% de los menores de 6 años presentaban despertares nocturnos al menos 3 noches por semana y un 11,3% presentaban una latencia de sueño mayor de 30 minutos. En esa misma encuesta, el 52,8% de los adolescentes valencianos entre 14-15 años de edad acudían a clase habiendo dormido menos de 8 horas, y de ellos un 17% mostraban síntomas de somnolencia diurna excesiva.20. Esto también parece estar ocurriendo con los adolescentes fuera de nuestro entorno, concretamente en Estados Unidos, donde la mayoría de los estudiantes no tienen el sueño que necesitan, y los padres no parecen saber sobre el sueño de su hijo adolescente.21.

De manera subjetiva en una muestra aleatoria en toda la Comunidad Valenciana evaluada recientemente22, el 34,5% de los niños de 13 años opinaban que, de manera habitual (al menos 5 días a la semana), dormían menos de lo necesario y el 24% de ellos no se sentían descansados al levantarse. Estos datos confirman que, en nuestro medio, la causa más frecuente de somnolencia diurna excesiva en la infancia es el no otorgarles la oportunidad de dormir las horas requeridas para cada grupo etario. Uno de cada 5 niños de 6 a 13 años de edad se levanta cansado existiendo una clara coexistencia entre somnolencia diurna excesiva y dormirse mientras ven la televisión. Según estos datos, en la Comunidad Valenciana, de manera global, un 27% de los niños de 5 a 12 años tienen problemas a la hora de irse a la cama; un 11,3% tienen latencia de sueño (tiempo que tardan en dormirse) excesivamente larga; un 6,5% presentan despertares nocturnos; un 17% tienen dificultades al levantarse por la mañana y un 17% refiere fatiga relacionada con alteraciones del sueño.

Los datos publicados por Kahn en preadolescentes de 8-10 años señalan que un 43% experimentan problemas del sueño durante al menos 6 meses23. El 38,5% de una muestra de adolescentes españoles refiere mala calidad subjetiva del sueño y un 23,1% una latencia de sueño mayor de 30 minutos de manera habitual24. En adolescentes (17-18 años) un 16,5% son malos durmientes (19% mujeres y 11,7% varones) y esto se asociaba con factores emocionales, mala higiene del sueño y ciertas parasomnias.


4.1.2. Trastornos del movimiento relacionados con el sueño

Los movimientos periódicos de las extremidades (MPE) presentan una prevalencia del 1,28%25. El 40% de estos niños tienen síntomas de parasomnias (trastornos del arousal).
En cuanto a los movimientos rítmicos, en la mayoría de los casos se inician antes del año de edad y son muy frecuentes hasta los nueve meses (59%)26. A partir de ahí la prevalencia disminuye paulatinamente, variando en función de la edad, y oscilando, según distintos estudios, desde un 9,2% en niños de 2,5 a 6 años27, a un 1,5% en niños de 5 a 7 años11y a un 2,9% en niños de 6 a 17 años28. Muy raramente persisten en la edad adulta.26

El síndrome de piernas inquietas (SPI) tiene una prevalencia estimada del 1,9% en niños de 8 a 11 años de edad y de un 2% en adolescentes de 12 a 17 años, de los cuales el 27% y el 52%, respectivamente, presentan un cuadro moderado-severo. Un estudio reciente en adolescentes de 15 a 18 años estima una prevalencia de SPI en estas edades de un 3,6% 29 El SPI es tan frecuente como los trastornos epilépticos (2%) y es mucho más habitual entre los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)30. También se suele asociar con Movimiento MPE26.

En cuanto al inicio de los síntomas, éstos suelen comenzar en el 15% de los casos antes de los 5 años, el 63% entre los 5 y los 7 años y el 2% más allá de los 8 años. Además, se ha observado que los niños con SPI presentan, con mayor frecuencia que los niños sin SPI y de manera significativa, una historia de dolores de crecimiento (80,6% frente a 63,2%)31. De hecho, algunos pacientes diagnosticados como portadores de dolores de crecimiento en realidad padecen un síndrome de piernas inquietas que será diagnosticado en la edad adulta, especialmente si los padres han padecido dolores de crecimiento que posteriormente han derivado en SPI32. Estudios realizados en la población adulta han objetivado que hasta un 46% de los pacientes con SPI referían haber presentado sus síntomas iniciales entre los 10 y los 20 años con empeoramiento posterior y sin que hubieran sido diagnosticados de SPI durante ese período. Tener un SPI en la infancia incrementa el riesgo de padecerlo en la edad adulta con una OR de 2,64 (IC 1,31-5,29) en varones y una OR de 2,54 (IC 1,41-4,59) en mujeres33.

 

4.1.3. Trastornos del ritmo circadiano

En los trastornos del ritmo circadiano, la cantidad y calidad del sueño son normales, pero ocurren en un momento incorrecto de acuerdo con los horarios habituales. En estos cuadros el período de sueño nocturno se localiza mal dentro del ciclo circadiano. En población pediátrica el cuadro más habitual es el síndrome de retraso de fase,en el que el paciente tiende a dormirse y despertarse más tarde. La hora habitual de iniciar el sueño oscila entre las 23:30 y las 5:15, con mayor frecuencia sobre las 2:00. Se da con mayor frecuencia en población adolescente y adultos jóvenes (7%-16%). En esta población con este trastorno se encuentra una mayor frecuencia de problemas/síntomas psicopatológicos (alteraciones de la personalidad, síntomas depresivos)26

 

4.1.4. Trastornos del movimiento relacionados con el sueño

Los TRS describen un abanico nosológico continuo que incluye el ronquido habitual, el síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea superior (SRAVAS), las hipopneas obstructivas, el síndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sueño (SAHS), así como la implicación nocturna del asma y otras alteraciones respiratorias crónicas. Se estima que el uso de los servicios sanitarios que realizan los niños afectos de TRS no diagnosticados y no tratados incrementa en un 20% el número de visitas34.

En adultos los datos epidemiológicos cifran la prevalencia de TRS en aproximadamente el 9% de la población de 30 a 60 años35. En los niños, a pesar de los avances en los últimos años en cuanto a su diagnóstico, tratamiento y consecuencias, estos datos son más controvertidos debido a una serie de circunstancias:

• En la mayoría de los estudios epidemiológicos de prevalencia realizados mediante el uso de cuestionarios, se excluyen el SRVAS, la hipoventilación obstructiva así como el síndrome de apnea sin presencia de ronquido.

• La ausencia de una definición unitaria de ronquido. Una revisión realizada por Pin y cols.36 de 25 estudios epidemiológicos arroja la presencia de hasta 10 definiciones diferentes de ronquido habitual.

• Muchas características clínicas del SAHS pediátrico y de los determinantes de su epidemiología son diferentes al SAHS del adulto, por lo que podríamos estar hablando de entidades diferentes que deberían ser evaluadas de manera distinta37. Por ejemplo, las vías aéreas superiores de los niños son más resistentes al colapso durante el sueño que las de los adultos. Los niños tienen conservadas las respuestas de la vía aérea superior a la presión subatmosférica y a la hipercapnia durante el sueño mientras que, en los adultos, esas respuestas parecen estar disminuidas. Los niños pueden tener un patrón diferente de activación de las vías aéreas superiores y la conservación de estas respuestas puede ser un mecanismo compensatorio de la relativa estrechez de la vía aérea infantil 38

• Existe una agregación familiar significativa independiente de las similitudes familiares en el peso39, aunque se desconoce el papel de la genética y de los diferentes factores de riesgo. Actualmente se estima que el 35%-40% de su variabilidad es atribuible a factores genéticos40.

Ronquido habitual. El ronquido es el síntoma que tienen en común los síndromes clínicos respiratorios durante el sueño. Aproximadamente el 10%-12% de los niños roncan y muchos de ellos tienen el llamado «ronquido habitual» que es el ronquido que ocurre durante más de tres días a la semana más de tres semanas, sin que presente infección de la vía respiratoria superior y sin asociarse a apnea, alteraciones del intercambio gaseoso o excesivos arousal. La historia natural del ronquido indica que el pico máximo de incidencia aparece sobre los 2-3 años y el declive ocurre después de los 9 años de edad41. En la actualidad ya no se le considera tan inocuo como antiguamente. Roncar más de 4 noches a la semana se asocia significativamente con tos nocturna y asma42. En niños franceses se encontraron como variables independientes asociadas a ronquido habitual, la historia de asma inducido por ejercicio (OR: 8,7 [IC: 2,8–26]), la dermatitis atópica en la primera infancia (OR: 3,9 [IC: 2,0–7,7]) y la hipertrofia amigdalar (OR: 2,2 [IC: 1,1–4,4]). En el estudio de Ali los roncadores habituales tenían un riesgo mayor de tener amígdalas hipertróficas frente a los que nunca roncaban (OR de 8,8 [IC: 4,2–22]). La sintomatología acompañante (respiración bucal, catarros de repetición y dificultades con el sueño) se incrementaba en frecuencia desde el niño que no roncaba nunca hasta el roncador habitual. Se compararon los resultados de los roncadores habituales obtenidos mediante cuestionario, con los obtenidos mediante una grabación en el hogar y pulsioximetría nocturna y encontraron que los cuestionarios tienen una alta sensibilidad pero una baja especificidad, de manera que los padres podrían sobrevalorar el ronquido contradiciendo los hallazgos de otros estudios.

La revisión de los seis estudios poblacionales europeos más importantes sobre ronquido habitual realizados con una metodología semejante y adecuada se refleja en la siguiente tabla (tabla 1).

Tabla 1. Prevalencia del ronquido habitual en países europeos36

Autor
Edad (años)
N
final
%
respuestas
Prevalencia
(IC 95%)
Comentarios
Corbo(Italia)
6-13
1.615
97%
7,3%
(6%-9%)
Se excluyeron 747 niños que no compartían habitación para reducir falsos negativos. Sin diferencias de sexos.
Roncadores habituales: OR 2,9% (1,7-4,8) de rinitis.
Tecuelescu
(Francia)
5-6
190
100%
10,0%
(5,7%-14,3%)
Se excluyeron 124 niños de la población original. Se excluyeron niños no caucásicos y con estatus socioeconómico bajo.
Exploración ORL a todos.
Sin diferencias entre sexos.
El 54% nunca roncaba.
Ali(Inglaterra)
4-5
782
79%
12,1%
Control con vídeo en el hogar y pulsioximetría nocturna.
Gislason
(Islandia)
0,5-6
489
81,8%
3,2%
(1,7%-5,1%)
El 22,5% de los varones y el 14,4% de las niñas habían sido intervenidos previamente (adenoidectomía).
Hulcrantz
(Suecia)
4
325
100%
6,2%
(3,8%-9,3%)
El ronquido habitual se asocia estadísticamente con amigdalitis de repetición y el uso del chupete.
Los roncadores presentan un arco mandibular más corto y tienen con mayor frecuencia un padre intervenido de amigdalectomía.
Owen
(Inglaterra)
0-10
245
46%
11,0%
(7,8%-16,5%)
Todos pulxiometría nocturna.
El 63% nunca roncaba.

Así pues, el ronquido habitual según informe de los padres está presente en el 7,45% (95% IC: 5,75-9,61) de la población infantil36

Apnea obstructiva del sueño. La observación por parte de padres o tutores de episodios de apnea se cifra en el 0,2%-4%. Cuando el diagnóstico se realiza por cuestionarios directos a los padres su prevalencia se incrementa al 4%-11%. Si el diagnóstico se realiza por medios objetivos su prevalencia oscila entre el 1%-4% y si estudiamos poblaciones con comorbilidad (obesos) la prevalencia oscila entre el 4,69% y el 6,6%36. La prevalencia del síndrome de apnea-hipopnea durante el sueño (SAHS) entre niños de 4-5 años se estima entre el 0,7% y el 3% con un pico de incidencia entre los 2-6 años. La edad media de inicio de la apnea es a los 34,7 meses de edad, mientras que el ronquido simple tiene una edad media de inicio de 22,7 meses, con una incidencia anual de entre el 7%-9%. A diferencia de lo que ocurre en los adultos, los niños con apnea obstructiva respiran mejor en posición supina43.

Los datos extraídos de una revisión sistemática se resumen en las tablas 2 y 3, según criterios diagnósticos de laboratorio y según la presencia de obesidad, y en las que se incluyen también datos de nuestro propio contexto37.

 Tabla 2. Prevalencia de la apnea del sueño según criterios de laboratorio36

Criterio
País
N
Edad (años)
%
Referencia
IAH ≥ 10
Estados Unidos
126
2-18
1,6
Redline et al. Am J Respir Crit Care Med. 1999; 159:1527-32.
IER ≥ 10
España
100
12-16
2,0
Sánchez-Armengol et al. Chest. 2001; 119:1393-400
IAH ≥ 10/
IA ≥ 1
Grecia
3.680
1-18
4,3
Kaditis et al. Pediatr Pulmonol. 2004; 37:499-509
IAH ≥ 5
Estados Unidos
5.728
5-7
5,7
O’Brienet al. Pediatrics. 2003; 111:554-63.
IAH ≥ 5
Estados Unidos
850
8-11
2,5
Rosen et al. J Pediatr. 2003; 142:383-9
IAH ≥ 3
Italia
895
3-11
1,0
Anuntaseree et al. Pediatr Pulmonol. 2005; 39:415-20
IAH ≥ 3
Turquía
1.198
3-11
0,9
Sogut et al. Pediatr Pulmonol. 2005;
39:251-66
IAH ≥ 1
Tailandia
755
9-10
1,3
Anuntaseree et al. Pediatr Pulmonol. 2005;
39:415-20
IAH ≥ 1
Tailandia
1.088
6-13
0,7
Anuntaseree et al. Pediatr Pulmonol. 2001; 32:222-7
IAH ≥ 1
Singapur
200
6,4 ± 4
0,1
Ng et al. Singapore Med J. 2002; 43:554-6

IAH: índice de apnea-hipopnea, IA: índice de apnea, IER: índice de eventos respiratorios por hora de estudio (en poligrafía respiratoria nocturna).

 

Tabla 3. Prevalencia de apnea del sueño en presencia de obesidad36

Criterio
País
N
Edad (años)
IMC)
%
Referencia
Ronquido
frecuente/
no ronquido
Francia
25.703
17-20
Bajo
1,00 (M)/1,00 (V) Delasnerie-Laupretre et al. J Sleep Res. 1993; 2:138-42
Medio
1,60 (1,13-2,27)/
1,11 (0,86-1,43)
Alto
2,52 (1,89-3,64)/
1,76 (1,39-2,23)
Ronquido >
3/s/
no ronquido
Italia
2.209
10-15
< PC 75
1,00
Corbo et al. Pediatrics.
2001; 108:1149-54
76-90 PC
91-95 PC
96-100 PC
0,97 (0,6-1,6)
1,99 (1,1-3,5)
2,66 (1,4-4,9)
TRS en PSG/
no TRS en
PSG
Estados Unidos
399
2-18
< 28
1,00
Redline et al. Am J Respir Crit Care Med. 1999; 159:1527-32
IAH > 3
España
44
7-14
> 28
> 85 PC
4,69 (1,59-14,15)
6,6 (3,5-14,5)
Pin y Lluch.
Acta Pediatr Esp. 2007; 65:74-8

IAH: índice de apnea-hipopnea; IMC: índice de masa corporal; PSG: polisomnografía; TRS: trastornos respiratorios del sueño. Los tres primeros estudios utilizan cuestionarios. Los dos últimos valoran los TRS mediante PSG con semejanza en la prevalencia.

Síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea superior (SRAVAS). Estos niños roncan y tienen una obstrucción parcial de la vía aérea superior que ocasiona episodios repetitivos de un incremento del esfuerzo respiratorio y que finaliza en un arousal. El patrón del sueño se altera y los síntomas diurnos pueden ser similares a los de la apnea obstructiva, aunque estos niños no evidencian apneas ni hipopneas o alteraciones del intercambio gaseoso en la PSG. Su incidencia en niños es desconocida aunque parece ser más frecuente que el SAHS44.

 

4.1.5. Parasomnias

El sonambulismo es probablemente el trastorno de sueño más frecuente en la infancia, con una prevalencia del 15% en edades comprendidas entre los 3 y los 15 años. Se trata de un trastorno familiar que presenta una concordancia del 40% en gemelos monocigóticos. En estudios con gemelos se ha visto una alta concordancia tanto en monocigotos como en dicigotos45. En niños de 5 a 18 años el sonambulismo alcanza cifras entre un 14%-21% y las pesadillas semanales, un 6%. En los niños con parasomnias no podemos olvidar la alta frecuencia de comorbilidades, y así Guilleminault encontró que, en 84 niños con parasomnias, 51 de ellos (61%) tenían otro problema de sueño, 49 tenían problemas respiratorios durante el sueño y 2 un síndrome de piernas inquietas. De la misma manera 29 de 49 niños con parasomnias tenían historia familiar de problemas con el sueño46.

El terror del sueño o terror nocturno es un trastorno menos frecuente que el sonambulismo, aunque a veces se asocia con él. Su prevalencia se estima entre un 1% y un 5% en niños en edad escolar (Cirignotta y cols., 1983; Coecagna, 1992; Kales, Soldatos y Kales, 1987). Quizás se trata del trastorno más dramático del despertar y es típico entre los 3 y 4 años, aunque a veces se reproducen entre los 5 y 6 años. La frecuencia de los episodios es máxima nada más iniciarse el proceso. Si los terrores se inician antes de la edad de 3,5 años suelen tener un pico de frecuencia de al menos una vez por semana, mientras que en los niños en los que los terrores se inician entre los 3,5 y 7,5 años el pico de frecuencia máxima suele ser de 1-2 episodios por mes. La duración media del proceso suele ser de 3,9 años con una tendencia a mayor duración en aquellos niños que tienen antecedentes familiares de sonambulismo. El 50% de los casos suelen desaparecer a los 8 años de edad pero un 36% continúan hasta la adolescencia47.

Las pesadillas son diagnosticadas, según los criterios del DSM-IV, entre el 10% y el 50% de los niños de tres a cinco años. Son especialmente prevalentes entre el sexo femenino (a menudo las presentan un 20% de los hombres frente a un 35,2% de las mujeres a la edad de 16 años)48.

En la tabla 4 se expone una revisión de distintos estudios sobre la prevalencia de las parasomnias más frecuentes por edades.

Tabla 4. Prevalencia de las parasomnias

Autor, país, año
Edades (años)
Sonambulismo
Terrores nocturnos
Pesadillas
Petit, 2007.Canadá27
2,5-6
14,5%
39,8%
 
Ohayon, 2000. Reino Unido, Italia, Alemania49
7-10
11-12
15-24
11,3
12,5
4,9
15,4%
12,5%
2,6%
 
García-Jiménez, 2004. España24
11-18
10,5%
 
29,4%
Canet-Sanz, 2007. España50
8-11
1,4%
0%
1,9%
Tomás- Vila, 2008. España28
6-17
12,5%
18,4%
12,8%
Huang, 2007. Taiwán51
12-18
12,7%
 
17,1%
Liu, 2005. China52
2 años
3-5
6-10
11-12
1,1%
0,2%
0,6%
0,9%
   
Ipsiroglu, 2002. Austria53
10-15
15,1%
(a menudo u ocasionalmente)
10,2%
(a menudo u ocasionalmente)
61,4%
(a menudo u ocasionalmente)
Blader, 1997. EE UU10
5-12
1%
1,3% (en los últimos 6 meses)
 
Contreras, 2008. Colombia54
5-12
7,4%
6,1%
12,8%
Bharti, 2006. India55
3-10
1,9%
2,9%
6,8%
Goodwin, 2004. EE UU56
6-11
3,5%
6,3%
 
Archbold, 2002. EE UU57
2-13
15%
27%
 
Cai, 2008. China58
2-12
0,9%
   
Buhler, 1981. Suiza59
2-18
5%
   
Abuduhaer, 2007. China60
6-14
1,5%
   
Neveus, 2001. Suecia61
6-10
7%
   
Smedje, 1999. Suecia11
5-7
0,6%
1%
3,1%

4.1.6. Somnolencia diurna excesiva (SDE) o hipersomnia

La somnolencia diurna excesiva (SDE) o hipersomnia está presente en el 11% de los niños10 y en el 52,8% de los adolescentes22. Hay que diferenciar hipersomnias «primarias» o intrínsecas, caracterizadas por una excesiva necesidad de sueño, e hipersomnias «secundarias » o extrínsecas, que son todas aquellas situaciones o patologías que cursan con un sueño insuficiente y provocan SDE. De las hipersomnias secundarias la más frecuente es la privación crónica de sueño, que es la principal causa de SDE en niños y adolescentes. Las hipersomnias primarias o con un origen en el sistema nervioso central son menos frecuentes y de todas ellas, como trastorno más relevante y por la grave repercusión en la calidad de vida del paciente, destaca la narcolepsia. La narcolepsia es un trastorno crónico que debuta típicamente en la adolescencia, aunque un tercio de pacientes describen el inicio de los síntomas en la infancia62 y no han sido identificados en la edad pediátrica por la complejidad de las manifestaciones. Es una enfermedad poco frecuente, que afecta a un 0,25%-0,56% de la población, sin predominio de ningún sexo y con dos picos de incidencia (a los 15 años y a los 30-35 años)63. Aunque la prevalencia de la narcolepsia familiar es baja y la mayoría de los casos son esporádicos, el riesgo de desarrollar una narcolepsia en familiares de primer grado de pacientes narcolépticos es de un 1%-2%, que representa hasta 40 veces más de la población general64.

A continuación se presenta una tabla resumen, con los datos más relevantes de la prevalencia de cada uno de los trastornos y por edades, según los estudios revisados anteriormente (tabla 5):

tabla5

4.2. Impacto de los trastornos

 

4.2.1. Calidad de vida y rendimiento escolar

La investigación de los trastornos del sueño en los adultos ha demostrado claramente el impacto de éstos en el humor, desde el punto de vista cognitivo y la propia capacidad funcional, así como en las dimensiones sociales de la calidad de vida relacionada con la salud65,66. En los niños, igualmente, se ha visto que además de afectar al comportamiento y el estado de ánimo, los trastornos del sueño pueden también alterar las funciones cognitivas, como se revela por la constatación en la disminución de la atención selectiva, la vigilancia y la memoria67-69

Una reciente revisión, en la que se incluyen estudios experimentales, cuasi-experimentales y de casos-control, ha examinado si el sueño durante la infancia y adolescencia está relacionado con el funcionamiento diario70,. Los resultados sugieren que un sueño inadecuado por calidad y/o cantidad puede causar somnolencia, dificultades de atención y, muy probablemente, otros déficits cognitivos y conductuales que afectan significativamente el funcionamiento de los niños y adolescentes. La revisión concluye que la evidencia encontrada soporta tanto la integración del cribado del sueño y de intervenciones en la rutina clínica diaria, como también la necesidad de ayuda por parte de políticas públicas para tratar de mejorar el sueño en los niños y adolescentes.

Varios estudios han expuesto, asimismo, la relación desde hace tiempo entre las dificultades del sueño y un peor rendimiento escolar. Por ejemplo, el 17% de los niños adolescentes con síntomas de un síndrome de retraso de fase, mostraron unos peores resultados académicos71otros estudios realizados también en adolescentes han señalado que un tiempo total de sueño insuficiente, el acostarse tarde durante la semana y más aún durante los fines de semana, se asociaban con unas peores calificaciones72. Otras investigaciones han ido más allá y han demostrado que son los hábitos de sueño, más que otros comportamientos relacionados con la salud, los que alcanzan el mayor valor predictivo del desarrollo académico entre los estudiantes73. En este sentido, estudios recientes muestran que los estudiantes con más riesgo de trastornos de sueño, y que refieren un tiempo de sueño insuficiente y discrepancias entre la cantidad de sueño durante la semana y el fin de semana, son aquellos estudiantes que presentaban peores resultados académicos74. Esto se ha visto que también ocurre en niños más pequeños, tanto de 5 a 6 años75 como en niños de 7 a 11 años de edad76 Lo mismo sucede cuando se habla de trastornos del sueño ya diagnosticados, en los que se demuestra la asociación de dichos trastornos con un peor rendimiento en el contexto escolar77,78.

 

4.2.2. Carga de enfermedad

Se estima que en el año 2006 la población española menor de 30 años de edad soportó una carga de enfermedad por trastornos no orgánicos del sueño (F51 de la CIE-10) equivalente a 9.278 años de vida perdidos (322 años en los menores de 15 años)79. Dado que no se registró ninguna defunción ocasionada por esta causa, toda la carga es atribuible a la morbilidad y discapacidad asociadas. Esa cifra de años vividos con mala salud supone el 1,6% de la carga de enfermedad total por enfermedades neuropsiquiátricas en menores de 30 años (0,4% en menores de 15), el 1,1% (0,2%) sobre el total de las enfermedades no transmisibles y el 0,8% (0,1%) de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) totales. La carga de enfermedad por trastornos no orgánicos del sueño en población de 0 a 29 años de edad es algo mayor en mujeres (51,3% de los AVAD por esa causa) que en hombres. En el conjunto de la población, la mayor proporción de AVAD por estas causas se concentra en la población adulta, por lo que la participación de los menores de 15 años es escasa.

tabla5

Bibliografía del apartado 04


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Última actualización: enero 2017

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